martes, 6 de marzo de 2012

Nuestro fiel amigo, el "Policía" de tránsito

Aquí viene una anécdota; en la panamericana sur, aproximadamente en el peaje de Chilca hacia Lima, estabamos todos en familia en la camioneta, y, cuando pasamos el peajo, luego de pagar nuestro impuesto para las carreteras, súbditamente mi padre frena luego de acelerar, y maldice. Pero, "¿qué estaba pasando?" me dije a mi mismo, cuando vi bien por la ventana polarizada de la camioneta supe que nos habían parado los policías de tránsito, o de carreteras, los "tombos" como se les dice. Que había pasado, bueno, el señor policía, con su característico uniforme y su Nissan Pathfinder detrás de él, pretendía que mi padre le pagará sus cincuenta solsitos por haberse pasado el límite de velocidad, y también decía que no se preocupara maestro, que no pasaba nada con la multa. Mi papá, furioso, le dijo que así estabamos en el país porque así éramos, y que cómo se pretendía crecer con policías, quienes deben imponer el orden y dar seguridad en la nación, así como hacer cumplir las leyes, son aquellos quienes las rompen sin siquiera arrepentirse. Mi papá, llamó a mi tío Francisco, que es abogado, y le pasó el teléfono al policía, la verdad que, en ese momento, yo tenía miedo de que el policía, al ver que no le iba a ligar la platita, se iba a dar a la fuga con el BlackBerry, cosa que, felizmente para mi tranquilidad, y la calma de mi madre, quien tenía a mi hermano menor en brazos, no pasó. Entonces mi tío Paco habló efectivamente con el policía, y la verdad que Dios sabrá que le habrá dicho mi tío al hombre, porque inmediatamente, le pidió disculpas a mi tío, le devolvió el celular a mi papá, y se metió rápidamente a su Pathfinder, ese modelo que mi madre tanto quería para ella sola antes que naciera mi último hermano Alejandro,

Pero, teniendo a esta historia, la cual es muy verdadera, ¿qué rayos está pasando con la policía nacional? De aquí viene un gran debate, teniendo en cuenta el escaso salario de los policías, especialmente los de rango inferior, de la "viveza" peruana, presente en ambos policías y conductores, sumado con la poca instrucción cívica en el proceso de volverse policía a la que miles de peruanos y por qué no peruanas acuden para solventarse, claro está, de una manera muy cómoda, pero suficiente. Y justamente por ello, cuándo no ganarse algo de platita chantajeando a un conductor atolondrado, caso de mi papa, que yo mismo presencié.

Se podrían impulsar políticas educativas entre los ciudadanos y los policías, basada en la convivencia pacífica y cívica de todos los ciudadanos que habitamos la ciudad, y por qué quedarnos ahí, también se podría aplicar a lo largo de todo el territorio. Claro que sería un proceso arduo y complicadito, debido los casos de corrupción en el gobierno y municipios ineficientes, así como en la cultura actual de muchos peruanos. De esta manera, se podría unir un poco a la gente, a la ciudadanía, que incluye a los funcionario públicos y policías a su vez.

Este es un reto que se podría proponer al presente gobierno, si la idea va por lo "social", también ayudaría seguir estas ideas, de las cuales se puede profundizar y debatir mucho más.

1 comentario:

  1. Aquí, por lo que veo, no mucha gente se interesó en comentar. Bueno, no siempre le ligan a uno las cosas supongo.

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